La decisión, confiesa, no ha sido fácil, pero él la considera honesta. El cantante se apea de la ópera con la que el coliseo quiere cerrar la temporada a lo grande. Y con Domingo como cabeza de cartel.
No estaba en sus planes descansar en Sevilla en marzo. Tampoco hacer las maletas y dejar «Attila» (lo pronuncia con un contundente y esdrújulo acento en la «A») aparcado en un camerino del Metropolitan. Una infección en la garganta le impidió dar voz a Ezio, «y eso que en los ensayos yo estaba estupendamente bien, se puede escuchar en las grabaciones, pero no ha podido ser. Sabía que si forzaba podría tener un problema grave porque el papel estaba muy por encima de la tesitura normal de barítono. Así que lo sopesé y tomé una decisión», explica.

Muti y Gelb
El Metropolitan informó de la cancelación, y todo el equipo, con el director general del coliseo a la cabeza, respaldó la decisión de Álvarez: «Lo mejor ha sido la comprensión que he hallado en todos, desde el maestro Muti a los cantantes, pasando por Peter Gelb. Cuando les expliqué que había decidido no cantar hubo hasta alguna lagrimita que se escapó», cuenta el barítono, que ha brindado la oportunidad de su vida a Giovanni Meoni, el «cover» que tenía que cantar una función y se ha encontrado de bruces con el papel en la mano. «Tú no te mereces esto, Carlos, me decía llorando en el aeropuerto. Estaba tan hecho polvo que le tuve que tranquilizar y animarle», dice. Simon Keenlyside, a quien el cantante admira y quiere como a un hermano, le reconfortó: «Te podrás enfrentar a Hamlet sin problemas», el próximo papel que prepara para debutarlo en la Ópera de Washington el 17 de mayo (junto con Diana Damrau, Samuel Ramey, Elizabeth Bishop y Plácido Domingo, responsable del coliseo, en el foso, siempre que su salud se lo permita). «Es lo más bonito que me han dicho en mucho tiempo», explica con un punto indisimulado de orgullo.
Medio en broma, dice que «progresa adecuadamente, como en el colegio, pero voy a por nota»; sin embargo, es consciente de que no debe forzar. Cuando se notó que la garganta le fallaba prefirió regresar a España: «Sabía que podía haber hecho en Nueva York la recuperación, pero quería estar aquí, en casa, con los míos, y que me atendieran mis médicos. Las cuerdas vocales estaban bien y no me habría perdonado tirar la toalla sin probar antes. Lo intenté, pero no pudo ser. Siempre supe que la dificultad del papel era inmensa. Y no puedo dar un paso en falso», explica al teléfono.
Ver crecer la hierba
Desde que canceló en 2008 «Un ballo in maschera» en el Teatro Real, el número de funciones del barítono nacido en Málaga se ha reducido sensiblemente. Sabe lidiar cuando vienen mal dadas y saca lo bueno de lo que no lo es tanto: «Me encuentro muy bien, de verdad, y lo que me preocupa es la inquietud que puedan sentir los demás», asegura, y apostilla inmediatamente que «no me puedo quedar anclado en la mala suerte ni me hago mala sangre. Acepto lo que me pasa con deportividad. ¿Para qué quemarme? Ezio quizá vuelva un día, pero Hamlet, que es el papel en el que estoy concentrado, me va a permitir mantener la línea de canto. Ese sí que lo voy a cantar. Vaya si lo canto», suelta de nuevo con aplomo.
La vida de Carlos ya no tiene el frenesí de años atrás. Ha aprendido a apreciar lo que vale el tiempo y sabe que, en su caso, ver crecer la hierba es un privilegio que solamente unos pocos pueden permitirse. Ahora, él es uno de ellos. Es sabedor, también, del enorme aprecio de sus compañeros: «Lo sé, lo sé. Lo agradezco y me gusta. ¿A quién no? Que estén tranquilos, que yo estoy bien».
Cuestión de respeto
Y es entonces cuando la pregunta que ha estado en el aire durante toda la conversación se escapa: ¿va a cantar «Simon Boccanegra» en el Teatro Real? No hay evasivas, sino una respuesta directa y sin fisuras: «No, no lo voy a hacer. Y soy consciente de que al coliseo se le va a plantear un problema grave, pero ya lo saben. Tenía que haber cantado muchos simones antes que el de Madrid y los he ido cancelando uno a uno. Primero cayó el de Viena, después el de Oviedo, y tampoco cantaré el de La Scala, que llegará en abril. ¿Por qué cantar, entonces, éste? Me parecía una falta de cortesía el haber dicho no en otros teatros y subir a escena en Madrid. Puede ser una decisión que se entienda o no, pero es la mía, y la que creo más coherente», confiesa de corrido el barítono.
¿Cómo puede recibir el público su caída del cartel? El título iba a cerrar, con un mano a mano histórico entre Domingo y Álvarez, la temporada y la «era Moral»: «Debo y deseo mantener ese respeto porque quiero y deseo que me respeten a mí. Quizá sea tirar piedras sobre mi propio tejado decir no. Tampoco ha sido ésta una temporada normal para mí. Además, nos toca dar la cara. Si no puedes seguir adelante lo dices y te retiras porque has de afrontar esa responsabilidad ante los espectadores. Cada uno, además, es un mundo», explica.
Cuando Domingo debutó el Simon, a finales de 2009, en la Staatsoper de Berlín, Carlos Álvarez agradeció los elogios. Nada le hacía más ilusión al tenor que compartir escenario con «uno de los barítonos más grandes que tenemos», dijo el tenor. Carlos, entonces, atisbaba en el futuro algún que otro claroscuro, pero prefirió esperar un tiempo y pensar que el 17 de julio de 2010 estaría de regreso en la capital. De momento no será el Dux de Génova. Sin embargo, se prueba ya como Hamlet, un papel en el que debuta y dice –con voz de barítono– que «llegará cuando ya haya pasado el invierno, que en Nueva York es de una extrema dureza, en la primavera de Washington, cuando florezcan los cerezos. Será precioso. Y saldrá bien, estoy seguro». La última pregunta la hace él: «¿Tienes suficiente material?». Casi para escribir un libro, pienso.
UN DOBLE LLAMADO DOMINGO
La reciente operación de Plácido Domingo hace que el título que pone broche a la temporada 2009-2010 tenga un par de incógnitas en el aire. A la caída de cartel de Carlos Álvarez se podría sumar la del tenor; todo dependerá de su recuperación. Quienes le conocen bien saben de su enorme fortaleza; de hecho, se baraja ya una fecha para su reaparición, el próximo 16 de abril, con motivo de la llegada de «Simon Boccanegra» a La Scala de Milán, un templo en donde le emociona especialmente al tenor cantar el papel del Dux de Génova. Habrá que esperar al mano a mano entre Domingo y Álvarez. ¿Podría ser Leo Nucci el elegido para cubrir la baja del barítono?
Fuente: www.larazon.es