Solo tengo palabras positivas para Berlín y sus habitantes. Su amabilidad sigue sorprendiéndome. Y mi admiración por todo lo que ella ofrece y por lo mucho que la cuidan sus ciudadanos cree más y más en cada una de mis visitas.
Han sido cinco días divertidos, emotivos y por supuesto musicales.
Y aunque todos sus habitantes se echen a la calle, estas siguen siendo tranquilas y paseables.
Fueron más de 1.600 personas las fallecidas en los intentos de ser libres cruzando de una zona a otra de la ciudad.
Los reconocimientos a estas víctimas se podía ver desde primera hora con las banderas a media asta en todos los edificios oficiales y muy especialmente en la zona conocida como "Checkpoint Charlie", donde se montó un escenario, una gran pantalla gigante ofreciendo documentos y testimonios de berlinés que si lograron cruzar y un doloroso monumento de cruces con los nombres de los fallecidos.
El martes 16 acudí a la cita musical que me había llevado a Berlín este verano.
El concierto de las tres estrellas operísticas en el escenario del Waldbühne.
Fueron tres pero la que más brillo, sin duda alguna, Anna Netrebko.
Con su primera aparición en el escenario ya tenía a todos los presentes a sus pies, y esto teniendo en cuenta que Jonas Kaufmann jugaba en casa.
Las críticas a sus actuaciones y el concierto completo ya se pueden disfrutar en la red.
De todo el concierto me quedo con algunos momentos inolvidables, como el escuchar zarzuela sin que Plácido este presente en el escenario, en un paraje como este, con el intermedio de La Boda de Luis Alonso, y por supuesto la interpretación de Leonora de Il Trovador de Anna.
Anécdota de la noche fue el gran beso que al término del primer dúo entre Netrebko y Kaufmann, de Manon, ella le dio a él. Tal fue el beso, que le dejó gran parte del la boca y la mejilla manchada de carmín, el cual le limpió muy simpáticamente Scrott cuando los tres se encontraban en el escenario.



